Joan Brown, pintora y escultora

Pintar la condición humana

Perteneciente a la segunda generación de artistas del Movimiento Figurativo de la Bahía de San Francisco llamado también Escuela de San Francisco y guiada por su intuición y sus variados intereses, Joan Brown (1938-1990)  ha explorado una amplia gama de temas a lo largo de sus tres décadas de carrera. Un profundo interés por la experiencia humana y la vida cotidiana constituye el núcleo de su arte, ya sea al representar un desengaño amoroso, gatos domésticos o creencias espirituales. En palabras de la propia artista: «Espero que los espectadores puedan compartir o identificarse con lo que expreso, porque realmente siento que estoy pintando la condición humana; eso es lo que intento hacer».

Las primeras pinturas de Brown, con sus imágenes gestuales de gruesas capas de pintura que representan personajes y objetos cotidianos, llamaron la atención a nivel nacional durante su primera exposición a finales de la década de 1950. En 1960 el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió su primera obra, y su trabajo apareció en la portada de la revista Artforum en 1963, poco después de cumplir veinticinco años. A pesar de este éxito precoz, Brown se negó a ceder a la presión que la instaba a seguir pintando de la misma manera, y a finales de la década de 1960, inauguró un estilo radicalmente diferente, caracterizado por colores vivos y una simplicidad gráfica, que iría profundizando a lo largo de su carrera.

Autorretrato, 1970, Joan Brown
Autorretrato, 1970, Joan Brown, Colección privada.

Con sus numerosas pinturas y algunas esculturas llenas de ingenio, ¿era Brown una figura polifacética y dinámica, dispuesta a desafiar valientemente el statu quo del mundo del arte sin importarle su propia reputación? ¿O era una artista que adoptaba con demasiada facilidad ideas e influencias con la misma energía desbordante con la que se lanzaba a la natación de resistencia, a las prácticas espirituales y a las relaciones de pareja? Vamos a intentar descubrirlo.

Primeros años

Joan Brown nacida en 1938, creció en el barrio de Marina, en San Francisco, con un padre banquero que bebía en exceso y una madre epiléptica que a menudo amenazaba con suicidarse, aunque esperó a que Joan tuviera treinta años para llevar a cabo su amenaza. Asistió a un colegio católico, que detestaba. El arte no formaba parte del plan de estudios. Tras terminar el instituto, Joan contaba que en 1955 vio « por casualidad » un anuncio de la California School of Fine Arts (hoy San Francisco Art Institute), la escuela de arte más antigua del Oeste, cuyo claustro contaba con artistas de renombre como Clyfford Still, Richard Diebenkorn y Elmer Bischoff, este último se convertiría en un mentor fundamental para Brown. Allí encontró la vocación de su vida.

Noel y Bob, 1964, Joan Brown
Noel y Bob, 1964, Joan Brown,
Fine Arts Museums of San Francisco.

Aunque al principio se vio invadida por la duda y pensó en abandonar sus estudios, ya en 1956 trabajaba junto a Bischoff. Él le aconsejó que siguiera su intuición – un consejo que la guiaría durante el resto de su vida – y la animó a dibujar y pintar lo que veía a su alrededor: podía ser un pavo de Acción de Gracias, o su familia, pero más a sí misma. Al igual que otros pintores figurativos de la zona de la bahía de San Francisco – que habían creado su propia escuela, Joan combinaba un estilo de pincelada expresionista abstracta con un retrato más realista. Tal y como escribieron las historiadoras del arte Karen Tsujimoto y Jacquelynn Baas en The Art of Joan Brown: «Brown se proclamó a sí misma como el tema principal de su arte… Gran parte de la obra de Brown puede considerarse un diario visual de su vida y el fruto de una introspección profunda».

La chica en la silla, 1962, Joan Brown
La chica en la silla, 1962, Joan Brown,
Los Ángeles County Museum of Art.

El éxito para Brown no se hizo esperar. A los 19 años, ya exponía sus obras en la Six Gallery, que Tsujimoto y Baas describen como «una de las primeras y más importantes galerías cooperativas de artistas de San Francisco». Poco después de graduarse en la escuela de arte, algunos coleccionistas empezaron a comprar sus obras. Cuando vendió uno de sus primeros cuadros, le llevó el cheque a su padre, que era director de sucursal del Bank of America en Market Street. Él la miró y luego examinó el cheque. «Era una suma bastante considerable», recordaba Mike Hebel, el marido de Joan Brown. «Comprobó la autenticidad del cheque antes de ingresarlo, porque, sencillamente, estaba en estado de shock».

Por aquella misma época, el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió uno de sus cuadros y, en 1960, su obra se expuso junto a las de Helen Frankenthaler y Georgia O’Keeffe. El Whitney incluyó sus obras en una de sus exposiciones itinerantes, y la revista Look le dedicó un artículo.

Comenzó a dar clases en 1959, primero en un instituto privado de San Francisco y después en diversos centros de enseñanza superior del norte de California, antes de incorporarse definitivamente, en 1974, al departamento de arte aplicado de Berkeley, donde permaneció hasta su muerte. Carnwath, a quien Brown había traído a Berkeley en 1982, afirmó que los estudiantes se sentían atraídos por ella. Hebel añadió que era bondadosa, pero que no dudaba en ofrecer comentarios sinceros. Al igual que su mentor antes que ella, era conocida por decir a sus alumnos: «Haced lo que os parezca correcto».

Mujer esperando en el vestíbulo de un teatro, 1975, Joan Brown
Mujer esperando en el vestíbulo de un teatro, 1975, Joan Brown, Colección privada.

Las primeras obras aclamadas de Brown son grandes lienzos figurativos y gestuales, recubiertos de capas de pintura al óleo aplicadas con paleta, tan gruesas que casi adquieren un carácter escultórico. Brown diría más tarde sobre este periodo: «Me encantaba pintar». Estos primeros cuadros seducen de inmediato, por lo familiares que resultan, gracias a su exuberancia pictórica.

Flora, 1961, Joan Brown
Flora, 1961, Joan Brown, colección privada.

Con tan solo 22 años, la obra gestual de Brown titulada Thanksgiving Turkey (1959) fue adquirida por el Museum of Modern Art, y al año siguiente, su cuadro Flora (1961) apareció en la portada de la revista Artforum. En sus páginas, la revista describía a Brown como «la favorita de todos». Pero en medio de esos elogios tempranos, que incluían exposiciones en museos de ambas costas y la representación por parte de una galería neoyorquina, la favorita de todos tomó otro camino.

Pinta lo que ves

Si Elmer Bischoff le hubiera aconsejado a Brown que pintara lo que veía a su alrededor, eso habría supuesto un enorme riesgo para su reputación como artista consolidada. Las cosas que la rodeaban eran «objetos domésticos»: sus mascotas, su hijo y sus maridos, los objetos que había en su casa. Su insistencia en afirmar que esas cosas merecían grandes lienzos y una reflexión artística era discretamente revolucionaria. «Es un enfoque en cierto modo radical hacerlo con amor en lugar de convertirlo en un objeto de fetichismo, y lo encuentro muy poderoso», declaró Carnwath. En uno de esos cuadros, Christmas Time 1970 (Joan + Noel), Brown posa relajadamente junto a su hijo, el gato y el perro de la familia. Como la escena se desarrolla en California, no hay ningún indicio evidente del invierno; el título es la única pista que evoca la Navidad. A través de la postura y la expresión relajada de Noel, así como de la forma en que su osito de peluche cuelga de su mano, Brown capta algo inefable y tierno en esos momentos cotidianos de la infancia y la vida familiar.

La novia, 1970; Época navideña 1970 (Joan + Noel), 1970, Joan Brown
La novia, 1970; Época navideña 1970 (Joan + Noel), 1970, Joan Brown, Colección privada.

Brown era una nadadora apasionada, aunque no destacara especialmente por su talento, entrenaba con Charlie Sava, un reconocido entrenador de natación de la zona, y participaba en numerosas pruebas en aguas abiertas. Fue una de las seis mujeres que interpusieron una demanda contra el Dolphin Club, el famoso club de natación de San Francisco donde los socios nadan en la gélida bahía sin traje de baño, con el fin de obligarlo a convertirse en un club mixto. En sus cuadros retrataba a personas de todos los ámbitos de su vida: sus maridos, su hijo, sus mascotas, sus mentores y su entrenador de natación.

Autorretrato con Charlie Sava, 1974, 
Joan Brown
Autorretrato con el entrenador de natación Charlie Sava, en la piscina Larsen, San Francisco, 1974,
Joan Brown, Denver Art Museum.

El cuadro Girls in the Surf with Moon Casting a Shadow (1962) expresa a la perfección su amor de toda la vida por el agua —dos figuras desnudas se dan la mano entre la espuma de un océano oscuro que se estrella contra los personajes en forma de gruesas olas tridimensionales de pintura azul—, mientras que Perro y silla en su entorno (1961) es un retrato en interior de su querido bull terrier, Bob. Las mascotas de Brown tenían nombres humanos —su gato se llamaba Donald—, mientras que, en su arte, los animales sustituían con más frecuencia a los humanos y a ella misma, en particular el gato.

Perro y silla en su entorno, 1961, Joan Brown
Perro y silla en su entorno, 1961, Joan Brown, Colección privada.

Pero quizá sean los autorretratos de Joan Brown los que más llaman la atención. Parecía tener una cierta percepción de sus ojos que, de color verde claro y forma almendrada, constituían su rasgo mas característico. Otros de sus autorretratos más destacados son los que pintó inspirándose en sus travesías a nado hasta Alcatraz. En una de ellas, estuvo a punto de morir cuando un carguero se acercó demasiado a los nadadores. El retrato resultante, After the Alcatraz Swim, muestra a una mujer de pie junto a una chimenea en una habitación con suntuosas alfombras, con un cuadro a sus espaldas que representa aguas turbulentas y nadadores que se agitan frenéticamente.

Tras la travesía a nado de Alcatraz, 1975; Mary, Julia y Manuel, 1976, Joan Brown
Tras la travesía a nado de Alcatraz, 1975; Mary, Julia y Manuel, 1976, Joan Brown, Colección privada.

El dinamismo que presenta la serie After the Alcatraz Swim muestran una mujer cuya vida estaba guiada por la experiencia. Brown le había confesado a Hebel que tenía el presentimiento de que su vida sería corta. En su obra, da la sensación de que intentaba incluir a todo el mundo y todo lo que le importaba.

En busca de un anclaje espiritual

Una de las etapas artísticas más importantes de Joan Brown, pero también una de las menos estudiadas, fue la última. En los años 70 y 80, Brown comenzó a viajar a Egipto, México y Japón, y se sumergió en la lectura de obras sobre misticismo y culturas antiguas. La simbología antigua hizo entonces su aparición en su obra. En 1979, conoció a su cuarto marido, Mike Hebel, en la Ananda Community House de San Francisco, una organización espiritual centrada en el yoga, la meditación y otras prácticas espirituales, de la que ambos eran miembros. Cuando Hebel conoció a Brown, desconocía por completo que ella fuera una artista de renombre, lo cual, según él, era mejor así. «Me habría sentido intimidado», declaró. Ya se sentía así por el simple hecho de que ella fuera seis años mayor que él. Al principio de su relación, ella invitó a Mike Hebel a una de sus exposiciones. Él estaba nervioso y le preguntó si debía informarse para prepararse. Ella se rió. «Mucha gente no sabrá más que tú. Y probablemente mucha sabrá menos».

Homenaje a Akenatón, 1983, Joan Brown
Homenaje a Akenatón, 1983, Joan Brown, Colección privada.

Hebel y Brown se casaron en 1980 en una ceremonia hindú celebrada en el Museo de Arte de San Francisco. A partir de entonces, casi toda la obra de Brown adquirió un carácter espiritual. La pareja realizó una peregrinación al Himalaya como luna de miel, y fue durante ese viaje cuando visitaron a uno de los gurús del yoga más conocidos (y más controvertidos) de la India, Sathya Sai Baba, para una ceremonia de bendición. Considerado una deidad por sus discípulos y acusado por sus detractores de ser un impostor y un pedófilo, encarnaba una figura imponente con su característica túnica naranja y su peinado al estilo de Jimi Hendrix. Mientras avanzaba por el pasillo en medio de sus discípulos, él y Brown intercambiaron una mirada. Hebel declaró: «Algo se abrió en ella. ¿Fue el tercer ojo? No lo sé. Pero hubo manifestaciones físicas innegables y observables del efecto de ese encuentro. Y a partir de ese momento, Brown se convirtió en seguidora de Sathya Sai Baba».

Homenaje a Quetzalcóatl y al conde de Waldeck, 1983, Joan Brown
Homenaje a Quetzalcóatl y al conde de Waldeck, 1983, Joan Brown, Colección privada.

Vista desde la distancia, la trayectoria de Joan Brown parece caótica. En diferentes épocas, se ha inspirado en la cultura mesoamericana, en Matisse y en Rembrandt. Ha pintado perros y niños, pero también el advenimiento de una nueva era. A pesar de todo ello, la pintora Squeak Carnwath percibe un hilo conductor en sus obras. «Considero que están verdaderamente unidas por su paleta de colores, su ambición y su formato. Su búsqueda de una especie de anclaje espiritual se refleja en el conjunto de su obra».

El trágico obelisco

A principios de 1990, Joan Brown comenzó a trabajar en un obelisco de 13 pies en su taller de San Francisco. Se trataba de un punto de inflexión con respecto a los retratos figurativos que la habían hecho famosa. Aproximadamente en la misma época en que comenzó a impartir clases en Department of Art Practice de Berkeley (1974), se interesó cada vez más por las religiones orientales, alejándose de los encargos para museos y coleccionistas para orientarse hacia el arte público. Este obelisco estaba destinado al Museo del Legado Eterno, cerca de Puttaparthi, en el sur de la India, para celebrar el aniversario de su querido gurú de yoga. Presentaba un fondo turquesa adornado, en su base, con diferentes animales —un ratón, una serpiente, un león, un cordero, un águila y un pavo real— y cada una de sus cinco caras estaba decorada con palabras en sánscrito y en inglés que significaban «verdad», «justicia», «no violencia», «paz» y «amor». En su parte superior se alzaba un globo dorado luminoso, destinado a representar la universalidad de las enseñanzas de su maestro.

El largo viaje, 1981, Joan Brown
El largo viaje, 1981, Joan Brown, Colección privada.


Brown llegó a Bangalore con su hijo adulto y algunos ayudantes para comenzar la instalación del obelisco en el museo. Había enviado a su marido cartas entusiastas sobre el avance de los trabajos y sobre un emotivo encuentro que ella y su hijo habían tenido con su mentor. En su última llamada telefónica a casa, le pidió a su marido que cuidara de su hijo, que iba a regresar a Estados Unidos mientras ella se quedaba en la India para supervisar los últimos retoques de la instalación. Poco después de esa llamada, una torre de hormigón del Museo del Legado Eterno se derrumbó sobre ella, matándola en el acto, junto con dos ayudantes, y destruyendo el obelisco. Tenía 57 años.

Autorretrato en el estudio, 1984, Joan Brown
Autorretrato en el estudio, 1984, Joan Brown,
Yale University Art Gallery.

Quizá Brown nos exhorta a recordar que somos seres polifacéticos que, si tenemos suerte, atravesaremos numerosas etapas a lo largo de nuestra vida, y que deberíamos seguir los aspectos incontenibles de nuestra personalidad, aunque ello no guste a los compradores ni a los críticos. ¿O acaso hay un mensaje que extraer al repasar la trayectoria de su carrera, que, con el tiempo, adoptó una visión más universal? Pero quizá estemos buscando en el medio equivocado. Se trata, al fin y al cabo, de mensajes visuales.

Bibliografía

  • Karen Tsujimoto et Jacquelynn Baas. The Art of Joan Brown. University of California Press, 1988
  • Collectif. Joan Brown. San Francisco Museum of Art, 2022
  • Janet Bishop. Joan Brown. University of California Press, 2022