Balthus: Detrás del espejo

Un universo imaginario

Figura atípica en la historia de la pintura del siglo XX, Balthus supo codearse con la obra de otros grandes artistas de su época e inspirarse en ella, al tiempo que seguía una trayectoria personal única. Se dejó guiar por figuras creativas destacadas de diferentes épocas, entre ellas Antonin Artaud, André Breton y Rainer Maria Rilke, con quienes entabló amistad o incluso colaboró, al tiempo que desarrollaba su propio estilo pictórico, sumamente refinado. Las escenas que solía representar eran interiores burgueses o escenarios exteriores muy corrientes, que, sin embargo, lograban revelar los estados emocionales de sus protagonistas (a menudo mujeres jóvenes), así como los de quienes las contemplaban.

Autorretrato, 1940, Balthus
Autorretrato, 1940, Balthus, Colección privada.

El artificio en Balthus tiene como función fijar la imagen en su propio ámbito. Sus cuadros representan mundos separados del nuestro; su superficie es análoga a la del espejo en «A través del espejo», de Lewis Carroll. Fue Pierre Klossowski, hermano de Balthus, quien llamó la atención sobre la influencia de la literatura infantil y sus ilustraciones en estos cuadros, cuyas escenas evocan, según él, un universo imaginario surgido de la infancia: «Una cierta intimidad doméstica —el ambiente burgués de la casa paterna con todos los accesorios cotidianos (como se ve en el cuadro La merienda, 1940). Una niña que se parece a Alicia contempla el bodegón que ocupa casi toda la composición: un cuchillo clavado en un trozo de queso, vino dorado en una copa reluciente, frutas increíblemente suculentas dispuestas en un cuenco de plata; toda la escena parece pintada por un Cézanne que hubiera vivido en el siglo XVII. Visualmente obsesivo, el cuadro también alude al olfato y al tacto: «clásico» y, sin embargo, cargado de la intensa voluptuosidad de un Courbet.

La merienda, 1940, Balthus
La merienda, 1940, Balthus, Colección privada.

La forma que tenía Balthus de hacerse eco de las preocupaciones de numerosos pensadores y profesionales de otras disciplinas creativas, incluía la síntesis de ideas y actitudes procedentes de individuos y movimientos artísticos, como el surrealismo. Algunas de estas ideas se plasmaban en la representación de estados psicológicos excepcionales y de encuentros interpersonales libertinos. Su compromiso con la creación de imágenes figurativas contribuyó a reforzar el valor de la pintura figurativa como fuerza crítica a lo largo de un siglo en el que numerosos movimientos artísticos se decantaron por la abstracción.

El sueño II, 1956-1957, Balthus
El sueño II, 1956-1957, Balthus, Colección privada.

La técnica en Balthus reviste una importancia capital. Debemos prestar atención tanto a la superficie como a la profundidad ilusoria, detenernos un instante en el umbral de la ilusión. Balthus, mediante un método artificialmente arcaico, mantiene a los seres que retrata a una distancia perfecta; esta forma original de abordar las cosas, la realidad sensual, presuponía un interés igualmente innovador por los medios de representación.

Balthus en París: Formación inicial

Balthus (cuyo nombre real era Balthasar Klossowski) nació en 1908 en París, en el seno de una familia de artistas; su padre era un eminente historiador del arte y su madre, pintora. Desde muy joven estuvo en contacto con el mundo de las artes y la escena social parisina de principios del siglo XX, sobre todo gracias a su mentor (y amante de su madre), el famoso poeta Rainer Maria Rilke. Su hermano mayor, Pierre, era también un artista, escritor, filósofo y traductor de renombre, cuyo círculo de conocidos e influencias incluía, entre otros, al escritor Georges Bataille. Es evidente que su exposición muy temprana a las influencias creativas de sus padres y de su entorno le orientó hacia una carrera artística desde muy joven.

A lo largo de su juventud Balthus creó numerosas obras, sobre todo durante sus viajes al extranjero. En 1926, durante un viaje formativo a Italia, descubrió los frescos del Renacimiento italiano. Piero della Francesca cobró especial importancia para él, al igual que Masaccio y Masolino. Balthus estudió el gran ciclo de frescos de Piero, La leyenda de la Vera Cruz, en Arezzo, que queda patente en el cuadro La calle (1933), donde se reflejan la monumentalidad geométrica, la rigidez estática de las figuras y la perspectiva arquitectónica del Renacimiento italiano. El Museo de Orsay conserva hoy en día una de las copias que realizó en 1926.

La calle, 1933, Balthus
La calle, detalle, 1933, Balthus, Nueva York, Metropolitan Museum.

La imaginería de Balthus se sitúa en una zona incierta entre el surrealismo y un realismo mágico, que no es evidente, pero sí psicológicamente sutil. Es significativo que el poeta Rilke, ya entrado en años, admirara al joven prodigio Balthus, quien pronto combinaría la sensibilidad con una precisión en los detalles y una lógica compositiva que podría remontarse a los ilustres artistas del pasado, desde Piero della Francesca en el Renacimiento, hasta el naturalismo del siglo XIX de Courbet o el clasicismo de Nicolas Poussin, a quien admiraba, puesto en evidencia en el cuadro La montaña.

La montaña, 1937, Balthus
La montaña, 1937, Balthus, Nueva York, Metropolitan Museum.

Tras cumplir el servicio militar, Balthus comenzó a dedicarse por completo a la pintura en su taller parisino. Fue en esa época cuando empezó a pintar a partir de modelos jóvenes, entre ellos su vecina Thérèse, que ocupa un lugar destacado en algunas de sus primeras obras. Thérèse Blanchard (1925-1950) posa en el taller de Balthus, en el número 3 de la cour de Rohan, en París. Entre 1936 y 1939, pintó diez retratos de esta joven vecina, sola o en compañía de su hermano. Thérèse marcó el inicio del leitmotiv de la obra del artista: el de una joven en la encrucijada entre la infancia y la adolescencia.

Thérèse, 1938, Balthus
Thérèse, 1938, Balthus, Nueva York, Metropolitan Museum.

París, verdadero cruce de caminos del modernismo, fue en su apogeo la cuna de algunas de las corrientes artísticas que han dado forma al arte abstracto contemporáneo tal y como lo conocemos hoy en día, en particular el cubismo. Balthus, sin embargo, conservó sus influencias clásicas anteriores y siguió trabajando en un registro figurativo. Su primera exposición en París tuvo lugar en 1934, y su entrada en el mundo del arte causó gran revuelo. Su obra más conocida (y más controvertida) es, sin duda, La lección de guitarra (1934), uno de sus primeros cuadros en los que representaba a jóvenes modelos para abordar temas serios.

Balthus contaba entre sus amigos con numerosos miembros de la élite cultural parisina, y Picasso, Giacometti, Man Ray y Breton formaban parte de su círculo (aunque a este último no lo apreciaba mucho). Diseñó escenografías teatrales para Albert Camus y Antonin Artaud, y, en general, gozaba de gran respeto como artista entre sus numerosos y renombrados compañeros de profesión.

El pasaje del Comercio Saint-André, 1952-54, Balthus
El pasaje del Comercio Saint-André, 1952-1954, Balthus,
Basilea, Fundación Beyeler.

En 1935, cuando Marguerite Caetani, princesa de Bassiano, encargó el retrato de su hija Lelia, Balthus ya estaba cansado y descontento con los encargos de cuadros, que constituían su única fuente de ingresos. Representada en la elegante rotonda de los Campos Elíseos de París, Lelia lleva un atuendo pasado de moda y parece bastante mayor de lo que realmente es, veintidós años.

Lelia Caetani, 1935, Balthus
Lelia Caetani, 1935, Balthus,
Nueva York, Metropolitan Museum.

En sus inicios, Balthus estaba rodeado de colegas surrealistas que buscaban captar el subconsciente del ser humano a través de diversas formas de expresión automática y libre. Se esforzaba por disociar su propio estado psicológico de las interpretaciones de su obra, prefiriendo presentarla como un medio para reflejar el inconsciente de los demás, ya fueran sus modelos o quienes los contemplaban. Es importante señalar que, desde un punto de vista temático, la representación de niños y, en particular, de niñas, no era en absoluto ajeno a su entorno artístico contemporáneo. A pesar del escándalo público que suscitó La lección de guitarra, su tema se inspiraba en intereses similares a los de otros creadores artísticos que rodeaban a Balthus. En concreto, la obra de Man Ray sobre el collage fotográfico, así como la de Egon Schiele y Otto Dix.

The Golden Days, 1944-1945, Balthus
The Golden Days, 1944-1945, Balthus, Washington, Smithsonian Institution.

Desde sus primeras incursiones en la pintura y el dibujo, Balthus ha impregnado cada una de sus obras de elementos que dan testimonio de la atención y el respeto que sentía por los personajes que representaba. En estas obras, los deseos de los niños representados se encarnan en un objeto o un escenario que el artista ha situado a modo de «refugio seguro» para esos deseos. Su dedicación y respeto hacia sus modelos, también se reflejan en las minuciosas técnicas con las que los representa, en composiciones formales ejecutadas con gran rigor.

La paciencia, 1943, Balthus
La paciencia, 1943, Balthus, Colección privada.

El trabajo de Balthus como escenógrafo teatral es fundamental para comprender el contexto de su vida y su trayectoria creativa, ya que, desde muy joven, dominó esencialmente la creación de personajes y narrativas mediante la puesta en escena del decorado físico de los cuadros en los que se enmarcan (un crítico calificó este aspecto de las escenas rígidas de sus cuadros como «teatralidad provocadora»). La experiencia de su padre como escenógrafo teatral en Berlín y Múnich influyó sin duda en su temprana participación en producciones de ballet, ópera y teatro.

Para Balthus, el modelo femenino fue un tema recurrente a lo largo de toda su vida: ya estuviera absorta en sus ensoñaciones, tumbada o dormida, a menudo desnuda o semidesnuda, y generalmente impregnada de una dimensión erótica. El cuadro Desnudo ante la chimenea llama la atención por la monumentalidad escultórica de la modelo y por la luz suave y plateada que baña la silueta y llena la estancia. La pose hierática de la mujer evoca las figuras de un friso del Antiguo Egipto.

Desnudo ante la chimenea, 1945, Balthus
Desnudo ante la chimenea, 1945, Balthus,
Nueva York, Metropolitan Museum.

En 1937, Balthus se casó con Antoinette de Watteville, una conocida de toda la vida que había posado para él en numerosas ocasiones y con la que finalmente tuvo dos hijos. Sin embargo, cuando en la década de 1940 la guerra y los disturbios políticos se apoderaron de Europa, se trasladó con su familia, primero a la campiña francesa y luego a Suiza, antes de regresar a París en 1946, una vez terminada la guerra.

Balthus: Periodo de madurez

Teniendo en cuenta su influyente círculo artístico, no es de extrañar que la obra de Balthus se haya presentado en varias exposiciones prestigiosas de todo el mundo. En Nueva York, estaba representado por la Galería Pierre Matisse (dirigida por el hijo de Henri) y, en 1956, tuvo su primera gran exposición individual en el prestigioso Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). En aquella época, su inclinación por la excentricidad ya estaba bien consolidada. En 1964 se instaló en Roma, donde se integró en el ámbito cultural local y entabló amistad con leyendas de la cultura como Federico Fellini, al tiempo que ocupaba el cargo de director de la Academia de Francia en Roma, en la Villa Médicis. En 1977 volvió a instalarse en Suiza y se casó con su segunda esposa, la artista japonesa Setsuko Ideta, con quien tuvo un hijo que falleció muy joven. El hecho de que Setsuko fuera treinta y cinco años más joven que él, no hizo sino aumentar el aura de escándalo que le rodeaba constantemente.

El pintor y su modelo, 1980-1981, Balthus
El pintor y su modelo, 1980-1981, Balthus, París, Centro Pompidou.

El misterio que aún hoy rodea la vida y la carrera de Balthus ha sido, sin duda, alimentado por el propio artista, pero es evidente que sus excentricidades también han contribuido a afianzar su obra en el canon de la historia del arte. Los investigadores que han estudiado su obra han señalado que la vida excéntrica de Balthus era, en realidad, esencial para el carácter singular de su trabajo. Aunque su obra aborda temas que muchos consideraban eróticos, o incluso al límite de la pornografía, Balthus prácticamente nunca respondió a estas acusaciones de manera formal, lo que le permitió distanciarse de la interpretación que el espectador hace de la obra.

Las tres hermanas, 1955, Balthus
Las tres hermanas, 1955, Balthus, colección privada.

En 1968 se organizó una retrospectiva de la obra de Balthus en la Tate Gallery de Londres y, para prepararla, el pintor les envió el siguiente telegrama: «NINGUNA INFORMACIÓN BIOGRÁFICA. EMPEZAD POR: BALTHUS ES UN PINTOR DEL QUE NO SE SABE NADA. VEAMOS AHORA LOS CUADROS. SALUDOS. B.». Para Balthus, la intención voyeurista que percibe el espectador refleja los impulsos inconscientes de este último, y no los del artista. Por lo tanto, si la obra se consideraba pornográfica, era el espectador, y no el artista, quien le daba ese significado.

El hijo de Balthus escribió sobre su padre y destacó que este no consideraba a sus modelos como objetos de deseo, sino más bien como musas. Destaca las numerosas influencias procedentes de su círculo social, así como la gran tradición de la pintura de mujeres jóvenes que se encuentra en todas las corrientes de la historia del arte. Balthus siguió trabajando hasta su muerte, pero llevaba una vida cada vez más recluida junto a su esposa. Falleció en 2001 en Suiza.

El legado de Balthus

La forma en que Balthus supo fusionar estos enfoques más clásicos con las amplias posibilidades que ofrecía el siglo XX —tal y como las desarrollaron el surrealismo y el neoexpresionismo— da testimonio de la influencia de sus contemporáneos y compañeros, como George Grosz, Max Beckmann, René Magritte, Man Ray, Pablo Picasso y Alberto Giacometti. Su capacidad para crear cuadros que, al tiempo que presentaban una gran composición visual, evocaban estados psicológicos extremos —incluso cuando se desarrollaban en escenarios cotidianos—, prefiguraba los encuadres y las puestas en escena teatrales de directores posteriores como Alfred Hitchcock. El cineasta de la Nouvelle Vague Jacques Rivette se inspiró en la obra de Balthus para su película Hurlevent (1985), mientras que Domicile conjugal (1970), de François Truffaut, incluye una escena memorable en la que una pareja en conflicto discute sobre un dibujo de Balthus.

Entre los artistas a los que influyó se encuentran pintores de la siguiente generación del expresionismo figurativo, como Francis Bacon, Lucian Freud, John Currin, Alex Katz y Will Barnet. Las escenas íntimas e intensas representadas por Balthus también han sido citadas como fuente de inspiración por el fotógrafo Duane Michaels. Hisaji Hara y Julie Blackmon han rendido homenajes más contemporáneos a su obra. Sus alusiones, tanto implícitas como explícitas, a encuentros de carácter transgresor desde el punto de vista sexual y social han allanado el camino para que innumerables artistas exploren estos temas.

Bibliografía

  • Gilles Néret. Balthus. Taschen, 2003
  • Jean Clair. Balthus. Flammarion, 2008
  • Alain Vircondelet. Mémoires de Balthus. Éditions du Rocher, 2016
  • Antonin Artaud. Balthus. Casimiro, 2020